Hungry Planet: What the World Eats: Las realidades desde la mesa 

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abemos que la alimentación va más allá del propio medio de subsistencia, es también un reflejo cultural, económico y social de quienes la consumen. Lo que comemos no solo satisface nuestras necesidades nutricionales, sino que también habla de nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestro entorno, e incluso nuestras aspiraciones. Cada ingrediente, cada platillo que llega a la mesa es el resultado de procesos de intercambio cultural, disponibilidad geográfica y acceso económico, lo que convierte la comida en un poderoso símbolo de identidad.

En 2005, los fotógrafos Peter Menzel y Faith D’Aluisio capturaron este concepto de manera fascinante en su libro Hungry Planet: What the World Eats. A través de un recorrido por 24 países, documentaron, mediante impactantes imágenes, las realidades alimenticias de familias de diferentes contextos. El libro muestra cómo varían las dietas semanales según las costumbres locales, las posibilidades económicas, y el acceso a recursos. No es solo un estudio sobre lo que se consume, sino una reflexión sobre las disparidades globales, las influencias de la globalización en la alimentación y cómo factores externos, como la política o el comercio internacional, afectan nuestras elecciones alimentarias.

Este trabajo fotográfico revela contrastes impresionantes: desde opulentas mesas llenas de alimentos procesados y empaquetados en países industrializados, hasta comidas más simples, basadas en productos locales y frescos, en regiones rurales o de menor poder adquisitivo.

Hungry Planet: What the World Eats
Los Ukita, una familia de Kodaira, Japón, gastan unos $317 USD a la semana en comestibles. Sus alimentos favoritos son el sashimi, frutas, tartas y patatas fritas, que forman parte de su dieta habitual. Peter Menzel, del libro, «Hungry Planet: What the World Eats.»

Este ejercicio, arrojó resultados, aunque esperados, hasta cierto punto abrumadores, ya que demuestran la diversidad que existe a la hora de sentarse a la mesa.

En las imágenes y su descripción encontraremos: 

  1. Los integrantes de la familia que habiten en la misma casa.
  2. Se muestran todos los alimentos que consumen en una semana común, esto incluirá incluso a las mascotas de la casa en caso de haberlas.
  3. Se menciona el país donde la familia habita, así como el platillo que la familia más habitualmente consume.
  4. El costo total de estos alimentos en la moneda local de la familia y su conversión en dólares.

Cuando nos damos a la tarea de observar con detenimiento cada alimento que aparece en las fotografías, podemos imaginar muchas intimidades de las familias, aun sin conocerlas; es posible que imaginemos el poder adquisitivo que manejan, si son adeptos a la comida procesada o prefieren preparar alimentos desde cero, las enfermedades que tienen o pudieran llegar a desarrollar, así como el estado económico del lugar donde viven y las oportunidades a las que pueden acceder. 

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¿Cuánto cuesta comer?

En cuanto al dinero que invierten las familias para su alimentación, ni siquiera podríamos promediar un costo, ya que, en países desarrollados, una despenda semanal puede alcanzar casi los 400 dólares, mientras que, en países subdesarrollados, no rebasa los ni 3 dólares semanales. 

Hungry Planet: What the World Eats
Los Aboubakar, una familia de Breidjing Camp, Chad, gastan unos $1.23 USD a la semana en comestibles. Su alimento favorito es la sopa de cordero fresco. Peter Menzel, del libro, «Hungry Planet: What the World Eats.»

Es de imaginar que los alimentos no son nada parecidos y están obviamente adaptados a las posibilidades de cada uno; mientras que en una mesa existen todos los grupos de alimentos, hasta con espacio para comida chatarra o alimentos ultra procesada, en otros, un bulto de algún cereal más algunas especias, será lo destinado para la semana.  

No siempre más es mejor…

Cabe señalar que no en todos los casos donde exista una despensa basta, se estará asegurando una alimentación saludable, por ejemplo, la mesa de los estados unidos: donde observamos una despensa abundante para una pequeña familia de 4 personas, encontramos comida chatarra y los alimentos con conservadores, estos tienen un lugar predominante en la mesa, desbancando casi por completo a frutas y vegetales. 

Hungry Planet: What the World Eats
Los Revis, una familia de Carolina del Norte, gastan unos $342 a la semana en comestibles. Sus alimentos favoritos son los espaguetis, las papas y el pollo con sésamo. Peter Menzel, del libro, «Hungry Planet: What the World Eats.»

Una de las dietas que parece más completa, es la de Mongolia, que ronda en los 40 dólares, misma que no roza si quiera los precios mas altos, y no representa un muy abundante banquete, sin embargo, el hecho de tener pocos o prácticamente nulos alimentos etiquetados, raciones considerables de proteína, verduras y carbohidratos simples, demuestran una cultura preocupada por una alimentación balanceada, adaptándose también por supuesto a los presupuestos por familia. 

Hungry Planet: What the World Eats
Con un presupuesto semanal de $40 USD, la familia Batsuuri de Ulaanbaatar disfruta de una dieta tradicional que incluye su receta familiar: albóndigas de cordero. Peter Menzel, del libro, «Hungry Planet: What the World Eats.»

Recorrer el mundo a través de estas imágenes nos invita a reflexionar sobre nuestras realidades individuales y colectivas, y a reconocer el papel central que juega la comida en nuestra vida diaria. Nos hace conscientes de las desigualdades que existen en el acceso a los alimentos y de cómo, en algunos lugares, la abundancia contrasta con la escasez. Además, estas imágenes nos recuerdan que el acto de alimentarse, algo que damos por sentado, está profundamente entrelazado con cuestiones de justicia social, sostenibilidad y equidad.

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Para muchos, la comida es más que un medio de subsistencia: es un placer, una experiencia sensorial que se disfruta con amigos y familia, una expresión de creatividad y de cultura. Sin embargo, para otros, la comida es apenas lo suficiente para sobrevivir, un recurso escaso que no siempre garantiza condiciones dignas de nutrición o seguridad alimentaria. Esta disparidad nos lleva a cuestionar no solo nuestras propias prácticas alimentarias, sino también las estructuras globales que perpetúan estas desigualdades.

Hungry Planet: What the World Eats
Los Namgay, una familia de Shingkhey, Bután, gastan unos $5 USD a la semana en comestibles. Su receta familiar, con champiñones, queso y cerdo, es un pilar de su dieta. Peter Menzel, del libro, «Hungry Planet: What the World Eats.»

Esto también pretende abrir la puerta a la reflexión acerca de que tanta comida estamos aprovechando realmente, cuanta desperdiciamos, que tanta basura generamos con nuestros consumos diarios y que tan saludable nos estamos alimentando.

Quizás valdría la pena adentrarse en analizar la situación de cada país en estas fotos representados, donde sin duda muchas cosas nos harán sentido en cuanto a su forma de vivir, enfermedades más comunes, taza de mortalidad, esperanza de vida, entre muchas otras.

Antes de leer esto, ¿te habías imaginado que tanto puede revelar la comida que consumimos de nosotros mismos? 

Conoce más en: https://time.com/8515/what-the-world-eats-hungry-planet/

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