Guerrero, cuna de ricas tradiciones culinarias y sabores auténticos, se prepara para elevar uno de sus platos más emblemáticos a la categoría de celebración nacional e internacional: el pozole guerrerense. Este manjar, que congrega a los amantes del buen comer todos los jueves alrededor de mesas festivas, no solo es un deleite para el paladar, sino un vínculo histórico con profundas raíces en la identidad mexicana.

La historia del pozole guerrerense se entrelaza con momentos cruciales de la historia de México. En 1821, en el idílico pueblo de Teloloapan, Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide conmemoraron su histórico Abrazo de Acatempan en un jueves casual. Para celebrar este hito de unidad nacional, Guerrero ordenó la preparación de un convite especial, donde la comunidad local aportó el ancestral potzotl, una mezcla de maíz hervido con hierbas medicinales. Fue entonces que surgió la brillante idea de enriquecer este plato con carne de cerdo desmenuzada, dando origen al pozole guerrerense que hoy deleita a paladares de todo el mundo.
Con el objetivo de destacar la riqueza cultural y gastronómica de Guerrero, la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC) propone oficializar el cuarto jueves del mes de julio como el Día del Pozole Guerrerense. Esta iniciativa busca no solo preservar una tradición culinaria, sino también fortalecer la economía local a través de ferias, festivales y muestras gastronómicas que atraigan tanto a visitantes nacionales como internacionales.

Para alcanzar este objetivo ambicioso, es fundamental el apoyo y la difusión en medios de comunicación especializados en gastronomía. Es necesario que la comunidad gastronómica y los aficionados al buen comer reconozcan y celebren esta fecha, no solo por su significado histórico, sino también por la calidad y autenticidad del pozole guerrerense, que representa un verdadero tesoro culinario de México.
Guerrero invita a todos los amantes de la gastronomía a unirse a esta celebración el cuarto jueves de julio, disfrutando de una experiencia única en torno al Pozole Guerrerense, un plato que trasciende el tiempo y el espacio, llevando consigo la esencia misma de su cultura y hospitalidad.




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